miércoles, 4 de noviembre de 2009

Maniobrando con salvajes

Detesto la violencia, la detesto en todas sus formas. Si hay algo que quiero lejos de mi vida siempre es cualquier cosa que se parezca a algo violento en cualquiera de sus formas. Ni gritos, ni portazos, nada.
El jueves volvíamos serenamente del teatro, habíamos visto Piaf, una obra maravillosa. Charlábamos y comentábamos lo fantástico de las actuaciones y lo acertado de la puesta en escena, verdaderamente un deleite.
Bajábamos distraídamente por Callao, que si recuerdan, saben que llegando a Libertador tiene una bajada importante y luego se dobla. En el momento en que estábamos en ese trámite una camioneta de esas que levantan los autos supuestamente mal estacionados viene a todo lo que da y nos encierra en el momento de doblar, por lo que Tino (mi marido) se vio obligado a dar un volantazo. Qué susto!
Como finalmente la grúa había quedado a la derecha nuestra, Tino bajó la ventanilla (MI ventanilla) y casi asomándose por encima mío le gritó algo así como: Qué haces hijo de puta, estas solo en la calle vos!
A lo que el señor que manejaba la grúa, en el mismo tono le contestó: Qué te pasa pelotudo! Y nos hizo un gesto con el puño cerrado y el dedo mayor levantado.
Este entrecruzamiento se repitió tres veces más, conmigo en el medio, gritando también Basta! Pará! Cortala!
Bueno, yo se que Tino tenía razón en su reclamo, pero eso de estar justo en el medio del violento intercambio de impresiones desde dentro y fuera del auto, con las orejas sufriendo horriblemente, reclamando cordura a un hijo de puta, que encima trabaja de hijo de puta, para mi no tenía sentido.
Aparte confieso que me da un poco de miedito, con las cosas que están pasando, que el hijo de puta te tire la camioneta, te choque (total esa no es de el) o cualquier otra reacción propia de un desquiciado.
Terminado el desagradable evento y con los nervios bien alterados, seguimos camino a casa y yo dejé en claro mi posición y Tino también. Dijo por qué me tengo que callar y dejar que me encierre sin decir nada! Y yo dije, bueno en realidad lo dije, pero a los gritos, mira cuando estoy yo lo dejas pasar porque me recontra cago toda, entendes?. Cuando yo no este en el auto contestale lo que quieras y hace lo que quieras, pero si estoy yo no! (esto último fue dicho casi llorando). Seguimos viaje en silencio. El clima había variado 180 grados.
Llegamos a casa, murmuramos algunos monosílabos y nos fuimos a dormir.El perverso polimorfo de mi marido (porque el gordo se morfa todo) se acostó y a los tres minutos dormía como un angelito.
Yo tenía tanta bronca atragantada que por supuesto estaba insomne. Me decía a mi misma, calma Angelita, es una pavada, no podes estar así por esto, dormí que mañana te levantas temprano, y todo ese tipo de pensamientos. Nada. Tener bronca y dormir no van juntos. No way. Me doy vuelta para allá. Me doy vuelta para acá. Así tres docenas de veces cada vez más fuerte el giro y ya casi rebotando en Tino, que solo se acomodaba un poco y seguía como un lirón (siempre me pregunté cómo dormirán los lirones?)
Finalmente, y viendo que podía llegar a pasar toda la noche girando como un trompo y rebuznando, que nada iba a cambiar, me acomodé a lado de Tino, tipo cucharita y agarré su brazo y lo puse alrededor mío. Parece que logré un esbozo de vigilia. -Eh, qué te pasa? -Estoy furiosa! –(con desconcierto) - Por?
Ya aprendí (hace rato) que explicar es absolutamente inútil. Entonces dije: repetí conmigo, mi amor… mi amor … lamento mucho haberte hecho pasar ese mal momento … lamento mucho haberte hecho pasar ese mal momento …te prometo … te prometo … que no va a volver a pasar nunca más … que no va a volver a pasar nunca más … Beso …Beso. No, el beso se da, no se dice. Chuick. Que descanses. Hasta mañana chuchi. Y suavemente me dormí.